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Calma: cómo actuar ante un ataque de ansiedad

La ansiedad es una respuesta adaptativa normal ante un estímulo que nos parece amenazante.

Es decir, nuestro cuerpo se activa porque detecta algo que consideramos peligroso y nos dice: “atento a eso de ahí”, “no sé si sabré hacerle frente”. Por ello, activa lo que llamamos “alarma”: que hace incrementar nuestras pulsaciones, nuestro ritmo de respiración, nuestra dificultad para dirigir la atención a otra cosa, nuestra velocidad de pensamientos, etc.

Por ello, cuando estamos junto a una persona que está sufriendo un ataque de ansiedad es importante recordar la clave “C-A-L-M-A”, que quiere decir:

C – CALMA

Actúa con la mayor tranquilidad que te sea posible, intentando no dejarte llevar por la alarma. Es normal que te asustes al ver a una persona con ansiedad, pero ayudarás más a la persona desde la calma.

Cuando vemos a una persona de nuestro entorno sufrir, deseamos inmediatamente aliviarlo, para que ni ellx ni yo lo pasemos mal. Sin darnos cuenta, podemos adaptarnos a su estado acelerado e intentamos resolver lo más rápido posible lo que le está sucediendo. ¡Stop!

De la misma manera que mi comportamiento puedo adaptarse a ellx, el suyo puede hacerlo al mío. Por lo tanto, recuerda que es algo pasajero y el motivo por el que estás allí, acompañarle.

A – ATIENDE SUS NECESIDADES

Pregúntale qué necesita, no cómo está.

Ten en cuenta que, es más importante atender a sus necesidades que comprobar permanentemente su estado. La intensidad emocional durará un corto lapso de tiempo, minutos, sobre los cuales nada podemos hacer, es su emoción, su dolor y su manera de experimentarlo. Sin embargo, “acomodarle” el espacio para facilitarle la vuelta a la estabilidad, será una garantía de acompañamiento efectivo y de cuidado hacia ellx.

L – LIBÉRALE DE AGOBIOS

Hacerle preguntas continuamente (cómo se encuentra, por qué está así o qué síntomas tiene) puede ser contraproducente.

Normalmente, tendemos a preguntar ¿qué te pasa?, ¿cómo te encuentras?, ¿estás mejor?, para, como hablábamos en el punto anterior, intentar resolverlo. Vamos a tratar de transformar esas preguntas que pueden incomodarle, incluso agobiarle más (si no sabe la respuesta, no puede/quiere contarnos…), en otras que muestren nuestra preocupación y deseo de acompañamiento y alivio. ¿Qué necesitas?, ¿cómo puedo ayudarte?, ¿hay algo que pueda hacer por ti? son buenos ejemplos.

M – MANTÉN UN ESPACIO SIN OBLIGACIONES

Si la persona quiere hablar podemos darle ese espacio, sino podemos acompañarle en el silencio.

Sentirse escuchadx y respetadx, atendiendo a su petición, facilitará el mejor manejo de la situación. Percibirá que estamos ahí porque nos importa, más allá de lo que puntualmente pueda sentir o cómo pueda verse en ese momento y/o situación.

A – ANÍMALE A CONTINUAR

Propón que retome la actividad en cuanto pueda. Es importante que no le prohibamos el escape,  pero que le ayudemos a decidir quedarse.

Una persona con mucha ansiedad, probablemente sienta que necesita escapar de todo aquello (es lo que su emoción le pedirá), y probablemente a corto plazo sea lo que le haga sentir menor ansiedad.

Sin embargo, a largo plazo, es probable que se sienta peor, porque incrementará, no solo su ansiedad, sino también su sensación de incapacidad ante otras situaciones ansiógenas. “Cuando te sientas preparadx, te acompaño”; “cuando veas es el momento, lo intentamos de nuevo”, etc. Pueden ayudaros a ambos.

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